Después del vídeo sobre los chakras principales, donde también repasamos su funcionamiento y características más importantes, me habéis preguntado por ese concepto que aparece mencionado una y otra vez cuando se habla de la energía
Después del vídeo sobre los chakras principales, donde también repasamos su funcionamiento y características más importantes, me habéis preguntado por ese concepto que aparece mencionado una y otra vez cuando se habla de la energía que recorre nuestro eje central: la kundalini. Así que hoy quiero abrir esa puerta con calma, porque es un tema que merece atención y algo de contexto antes de dejarnos llevar por la fascinación.
¿Qué es la kundalini?
En la tradición tántrica y en el hatha yoga, la kundalini se describe como una energía primordial, representada simbólicamente como una serpiente enroscada que se puede despertar desde la base de la columna, a la altura del chakra raíz (muladhara). Habitualmente esta energía se encuentra en estado latente, sostiene las funciones vitales básicas del cuerpo. Cuando se activa —por la práctica sostenida de yoga y meditación, por prácticas respiratorias intensas o, a veces, de forma espontánea sin haberla buscado— esa energía asciende por el canal central (sushumna), atravesando cada chakra, y puede producir síntomas, a veces molestos, hasta llegar a experimentar estados de conciencia expandida, intuición aguda y, en última instancia, lo que estas tradiciones llaman iluminación o Samadhi.


Gopi Krishna: el testigo que llevó la kundalini a Occidente
Si hay un nombre que marcó la forma en que Occidente empezó a tomarse en serio este fenómeno, ese es Gopi Krishna (1903-1984), un funcionario y reformador social de Cachemira que, tras años de práctica meditativa disciplinada, vivió a los 34 años un despertar espontáneo e intenso de la kundalini. Lo relató en su autobiografía Kundalini: The Evolutionary Energy in Man, publicada en 1967, donde describe con crudeza los efectos de ese despertar: oleadas de calor, insomnio, cambios de humor extremos, alteraciones digestivas, momentos de auténtico terror junto a instantes de éxtasis luminoso. Tardó años en estabilizarse, y él mismo insistió en que ese proceso, si no se acompaña con cuidado, puede desbordar a quien lo atraviesa.
Lo que hace especial a Gopi Krishna no es solo el relato en primera persona, sino su insistencia en pedir que la ciencia investigara la kundalini como un mecanismo biológico real, no solo como una metáfora espiritual. Fundó en Jammu una institución dedicada a ese propósito y llegó a tener el respaldo de científicos como el físico Carl Friedrich von Weizsäcker.
Su testimonio abrió una conversación que después continuaron otros autores que también merece la pena nombrar:
- Lee Sannella, psiquiatra estadounidense, que en The Kundalini Experience (1976) documentó clínicamente síntomas de despertar kundalini en pacientes occidentales y propuso distinguirlos de cuadros psiquiátricos.
- Stanislav Grof, psiquiatra, que junto a Christina Grof acuñó el concepto de «emergencia espiritual» (spiritual emergency) para nombrar estados de crisis transformadora —muchas veces con síntomas de despertar kundalini— que pueden confundirse con una crisis psicótica si no se sabe leerlos con el marco adecuado.
- Carl Jung, que dedicó un seminario completo (1932) a comentar los textos tántricos sobre los chakras, aunque desde una lectura psicológica, no experiencial.
Cuando el cuerpo cura, a veces parece que enferma
Y aquí quiero conectar este tema con algo que llevo días escuchando en boca de médicos, y que en realidad no es nuevo: en la India los textos ayurvédicos ya hablaban de ello, y en la medicina naturista occidental existe una noción muy parecida, la «crisis de curación», ligada a la observación hipocrática de que el cuerpo, cuando reúne fuerza para restablecer su equilibrio, puede pasar por una fase de síntomas intensos —fiebre, erupciones, cansancio profundo, cambios de humor— que se parecen, en la superficie, a los de la propia enfermedad.
La idea de fondo, tanto en el ayurveda como en estas corrientes médicas actuales, es que el organismo no distingue limpiamente entre «enfermar» y «sanar» en su manifestación externa: ambos procesos pueden movilizar los mismos mecanismos de eliminación, inflamación y reajuste. Lo que cambia es la dirección del proceso. Por eso, algunos profesionales están insistiendo en la necesidad de herramientas de diagnóstico más finas, capaces de distinguir si un cuerpo está atravesando una fase de reordenamiento hacia el equilibrio, o si, por el contrario, necesita una intervención más directa —como la farmacológica— porque el proceso se ha desbordado o el organismo no tiene recursos para sostenerlo solo. Esta última via, la intervención química externa, en cualquier caso, debería de ser temporal hasta conseguir restablecer el equilibrio óptimo para el cuerpo. La aspiración de cualquier profesional de la salud tendría que ser esta, y no la resignación a que, de por vida se mantenga un diagnóstico acompañado de la etiqueta «patología incurable». Aceptar que no sabemos cómo curar ciertas condiciones porque aún no hemos encontrado la vía que conectaría con el camino hacia la sanación es aceptable, pero condenar con creencias propias o ajenas a una persona que padece una sintomatología se parece más a poner palos en alguna rueda para que no pueda encontrar por sí misma la vía que conduciría a su organismo hacia el equilibrio.

Creo que aquí está el puente que quería trazar con la kundalini: lo que Gopi Krishna, Sannella y los Grof describen es, en el fondo, la misma pregunta llevada al terreno espiritual. Un despertar kundalini intenso puede parecerse, sintomáticamente, a una crisis nerviosa o incluso a un episodio psicótico. Y del mismo modo que en la crisis de curación física conviene saber leer si el cuerpo camina hacia el equilibrio o necesita otro tipo de ayuda. En el despertar energético conviene rodearse de guía experimentada capaz de distinguir un proceso de expansión de un cuadro que requiere atención clínica real. No es un terreno para romantizar sin cuidado, ni tampoco para patologizar automáticamente aquello que no entendemos.
Mi conclusión
La kundalini no es un tema menor ni un atajo. Acelerar procesos y su activación puede ocasionar síntomas severos que se confundan con patologías graves, además de que el cuerpo y la mente pueden ir desincronizados por haber querido abrir unas puertas que nos dan acceso a una energía a la que quizás no estamos preparados para recibir. Si el proceso se fuerza, los síntomas pueden manifestarse como depresión profunda, convulsiones, confusión mental, desajustes hormonales, inestabilidad psicológica y en algunos casos, pueden ser tan insostenibles para el cuerpo físico hasta el punto de hacernos trascender de este mundo, de manera muy literal. Por lo tanto, no es para tomárselo con un juego sin la conciencia que requiere. Insisto en ello, porque me he encontrado con personas que buscan acelerar el despertar de esta energía para conseguir experiencias de extasis, o tenían el deseo de alcanzar una iluminación instantánea y algunas habían recurrido a métodos que, desde mi punto de vista, podían ser peligrosos, cuando buscaban forzar las prácticas que te he relatado anteriormente, la meditación, las bandhas o el yoga. Otras prefieren usar sustancias como los adaptógenos o psicodélicos que actúan como llaves que abren estas puertas también pero que son realmente peligrosas si no se ha hecho una preparación previa adecuada. Es entonces cuando se revelan esas experiencias que no se comprenden o pueden atrapar al alma en un bucle en el que no encuentre salida. Por ello, el camino del despertar es un proceso profundo que merece vivirse con calma, respetando los tiempo del propio cuerpo y de la mente y observando cada paso, sin forzar el cuerpo emocional, con acompañamiento de alguien experimentado. Esto sería lo ideal, para ayudar a la persona a sostener lo que está viviendo, pero sin limitarla o sin despojarla de su poder, de su autoridad espiritual. La idea es que no pierda su conexión interna.
Y quizás la lección más práctica que nos deja todo esto, tanto si hablamos del cuerpo más denso o en estado más sutil, es la misma: no todo lo que se parece a una crisis es un retroceso. A veces es, justamente, la señal de que algo se está reorganizando hacia la salud.
Si te interesa profundizar, puedes consultar el vídeo en el artículo de introducción a los chakras principales como punto de partida antes de entrar en la kundalini con el podcast de este episodio.

Reset II. El agua primordial de Joana Martos Latorre
Reset II. El agua primordial es una novela donde la percepción y la memoria ancestral colisionan en una trama que desafía los límites de lo que consideramos realidad.


